Proyecto "Piedra, papel y tijeras"


Nuestros objetivos: comunidades + vulnerabilidad/emplazamiento/emergencia + cohesión social/productividad + emprendimiento + potencialización + calidad de vida / diseño + arquitectura + ser humano + objeto + espacio.

Documento


Reto de sustentación y emprendimiento de comunidades vulnerables.


1.       Situación.

Análisis de la problemática general de las familias y las mujeres cabeza de familia en Colombia.
El concepto tradicional de familia vive hoy un proceso de transformación ineludible. Cambian los roles, distribuyen y aumentan responsabilidades, sufren desplazamientos y el mismo País decae en las condiciones de servir a su población. La mujer como eje central de una familia tradicional, sola en muchos casos, trasciende su papel y pasa a ser el actor que cumple todas las funciones de proveedora en planos materiales y afectivos. Es la mujer, la madre vulnerable en comunidad, el ser social de nuestro proyecto.
Es un reto trascender los contextos, ir más allá y lograr concretar acciones de transformación social, este precisamente, objetivo del proyecto Ubicar y nuestro como designio y razón de ser de un diseñador socialmente responsable. Es un reto la sensibilización, la puesta de los zapatos del otro, la mirada transversal de las situaciones y la proyección de las mismas para tratar de mejorar las condiciones de comunidades o grupos poblacionales, con siempre una posibilidad de intervención. Retos estos que se deben lograr.
Damos prioridad a la reflexión sobre los asuntos más importantes del país (Lo esencial es invisible para los ojos), y acentuamos el propósito de trazar nuevos caminos y sentidos en la formación y ejercicio del diseño en nuestro contexto[1], conociendo la situación de cerca, identificando el problema a intervenir, haciendo un diagnóstico, trazando posibles rutas, interrogando constantemente, jerarquizando las situaciones y segmentando los problemas (etc.)
Por un lado, sabiendo lo importante de conocer la situación cuantitativa real, tenemos que Colombia es “un buen país para las madres”. Colombia ascendió cinco puestos, pasando del 61 al 56, entre 160 países, como uno de los mejores lugares para ser mamá, según la clasificación anual que entrega la ONG Save the Children[2]. Aparece también en el puesto 13 dentro de los 117 países en vía de desarrollo, y en Latinoamérica ocupa el sexto lugar, después de Cuba, Argentina, Uruguay, Costa Rica y Chile.
- El riesgo de mortalidad infantil es de 1 de cada 290 partos.
- El porcentaje de nacimientos asistidos por personal de salud llega al 96 por ciento.
- El 68 por ciento de las mujeres utilizan algún método anticonceptivo.
- La esperanza de vida de las mujeres llega a los 77 años.
Sin embargo, pese los buenos intentos de asistencia a las mujeres embarazadas y neonatos,  se encuentran más allá, en instancias seguidas de sus vidas, casos de violencia intrafamiliar y pocas oportunidades económicas y laborales para las mismas. Según cifras de la Asociación Afecto, a diciembre de 2009, existían 17 mil casos de maltrato infantil, de los cuales 14 mil permanecían en la impunidad.  Hoy, el 46 por ciento de los hogares en Colombia tienen jefatura femenina.
La región lleva la bandera en dos indicadores nefastos: aquí mueren más niños menores de un año y los que sobreviven presentan cuadros de desnutrición. Así lo revela la Encuesta Nacional de Demografía y Salud realizada por Profamilia entre el 18 de febrero y el 10 de junio del 2000, aplicada a 11 mil 585 mujeres en edad fértil y en la que se pesaron y tallaron 4.561 niños. Además, las brechas regionales siguen siendo grandes cuando se habla de salud infantil. Las regiones con los menores porcentajes de mortalidad infantil, entendida esta como la medida que indica el número de muertes de menores de un año de edad por cada mil nacidos vivos, son Bogotá y la Central (Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima, Huila y Caquetá), con 17 y 20 por cada mil nacimientos en tanto que en las dos zonas costeras del Caribe y del Pacífico es de 29 por cada mil nacimientos.[3]

2.       El problema.

Hemos conocido, visto y sentido familias no tradicionales, estipuladas fuera de esa estrecha definición de “grupo de personas con lazos de parentesco de primer grado”[4], pues los hogares compuestos por una diversidad de arreglos domésticos siguen siendo considerados familias. Algunos de estos tipos de agrupaciones domésticas, pueden ser: los formados por uno sólo de los progenitores (en su mayoría mujeres) con sus hijos, conocidos como monoparentales; por parejas sin hijos; por una sola persona o unipersonales; por reagrupamientos familiares con los hijos de parejas anteriores o consanguíneos próximos como tíos y sobrinos; por personas sin parentesco alguno que deciden compartir sus vidas de forma perdurable o co-residentes; y las familias y hogares formados por parejas o personas del mismo sexo. En conjunto, todas estas familias y formas de convivencia doméstica no tradicionales rebasan ya la cuarta parte del total de los hogares y por tal motivo, ese enunciado inicial “Buen país para tener hijos y hacer familia” sigue siendo cuestionado.
Así es, en las familias se han distribuido –incluso sin tener otra opción- los roles; son las madres de Colombia las que sustentan, enseñan y viven por los hijos, niños de nuestra patria como bien lo acostumbran  decir los gobernantes y orgullosos padres al verlos sobresaliendo poco a poco. Y lo logran o lo van logrando, a cuestas las responsabilidades y compromisos del “ser madre” sumando o multiplicando el también “ser padre”.
Es por toda esta problemática que se entiende como el rol de la mujer es el más difícil de ser asumido. Según los últimos indicadores en el mes de la mujer (marzo), uno: Las mujeres efectúan las dos terceras partes del número de horas de trabajo del mundo y producen la mitad de los alimentos. Dos. No perciben sino el 10 por ciento de las ganancias totales, reciben menos del 5 por ciento de los préstamos bancarios y 70 por ciento de ellas viven con menos de un dólar al día. Y además, en la actualidad, el desempleo de las mujeres es casi el doble de los hombres.[5]
La brecha de género aún es notoria económica y laboralmente; de los hombres laboralmente “inactivos” 59% estudian y sólo 31% de las mujeres. Un 10% de hombres se dedican a oficios domésticos, frente a 57% de mujeres. Más grave es la situación para las mujeres desplazadas, que son el 53% de esta población. El 98% de estos hogares vive bajo la línea de pobreza y el 81% bajo la de indigencia[6].
Las mujeres tienen menos oportunidades a la vista, pero más pujanza, se puede asegurar, de salir adelante. El 25% de la población femenina económicamente activa está representado por mujeres cabeza de familia, que terminó en esa situación por viudez, separación de su cónyuge, efectos de la violencia, por incapacidad física o laboral del marido[7]. Las MADRES CABEZAS DE FAMILIA se han convertido, y es un reto fundamental de este proyecto en seguir aumentando los casos, en ejemplos de emprendimiento dentro de las comunidades vulnerables y modelos de ingenio, compromiso y sustento en el país.
El cambio de los roles tradicionales de género al interior de las familias es un factor que puede intensificar la violencia doméstica cuando el varón se siente desplazado de su rol tradicional y cuestionado en su autoridad. Esto se vive en Santa Cecilia, en los cerros nororientales de Bogotá en la Localidad de Usaquén, en donde se ubica nuestro caso de estudio con la Fundación Cancurua.

3.       El diagnóstico / hipótesis.

Santa Cecilia es un espacio de contrastes, de alegrías y tristezas, de rabia y de sonrisas, de empuje pero con ausencia de oportunidades. Es un lugar ignorado y descuidado por su ciudad. Con sus propias reglas, leyes e incluso sistema de transporte, porque hasta allá no suben los buses, no suben los taxis. Es un barrio donde habitan madres, niños, jóvenes que no se ven, que cuando el sol se oculta, se esconden, temen por sí mismos y sus familias.
Santa Cecilia cuenta con un potencial humano y emprendedor entre los que se cuentan madres cabezas de familia, adolescente y jóvenes, todos con el sueño de transformarse y transformar el lugar en el que viven. Temen pero saben que deben luchar para ganar. Pero su lucha no es de capucha, revolver, ni de cuchillo (como las pandillas que se enfrentan cada noche entre Santa Cecilia baja y alta); es de tijeras y papel. 
Las mujeres en Colombia son las víctimas mayoritarias de violencia intrafamiliar (91%): 52.180 (durante 2008). Las madres del Barrio Santa Cecilia han sido víctimas y tenido que transformar su familia, para ahora trabajar y sacarlas adelante. La Fundación Cancurua llegó
·         La pareja no apoya  la actividad, por lo que algunas de las mujeres son golpeadas, o amenazadas con ser sacadas de la casa.
·         La pareja destruye y bota el trabajo hecho  por ellas
En el año 2006, Cancurua realizó el primero de los talleres de capacitación a un grupo de 15 mujeres a quienes se les entregó como materia prima de trabajo papel de revistas y catálogos. Ellas en compañía de sus hijos aprendieron las bases para la creación de productos que ayudarían a su sustento y al crecimiento de la fundación. Actualmente existe un grupo de 10 mujeres trabajando para la Fundación. Todas en situación de vulnerabilidad.
·         El 60% son madres cabeza de familia
·         El 38% viven con su pareja pero son víctimas de violencia intrafamiliar.
·         El 2% restante vive con su pareja, hijos en un ambiente familiar estable.
·         50 % de las mujeres son menores de edad y viven mensualmente con $ 200.000.
La motivación principal por la que están con la Fundación es para adquirir habilidades que les permita obtener una entrada económica, que las ayude a solventar los gastos de ellas y los de sus hijos. “Hoy en día la mujer juega un rol como gestora de desarrollo económico, social y cultural en la sociedad colombiana, pero no podemos sentirnos satisfechos”[8],  más del 90% de las compañías en Colombia están en el segmento de las microempresas, y de este altísimo porcentaje se calcula que el 50% son creadas y lideradas por el género femenino”. Martha Lucía Vásquez Zawadzky, Presidenta Equidad de la Mujer.
Esta es la razón básica por la que resulta necesario llevar a cabo estudios que nos permitan acercarnos a la situación tanto real como percibida que viven estas mujeres y que, en último término, nos den pistas para hacer propuestas con vistas a una urgente y necesaria intervención con este colectivo que les permita desarrollarse plenamente como miembros de una sociedad no sexista y discriminadora. “La realidad de hoy nos impone nuevos desafíos”.
El trabajo que aquí presentamos está enfocado desde la violencia que se ejerce hacia las mujeres, y concretamente contra las mujeres vulnerables. Y lo hacemos en un momento en el que la violencia está considerada como uno de los fenómenos que caracterizan a la sociedad moderna siendo, por lo tanto, ampliamente estudiada por diferentes áreas de conocimiento, desde diferentes disciplinas y por equipos multidisciplinares. La violencia contra las mujeres es la expresión de la relación de desigualdad entre géneros. Se trata de la violencia basada en la superioridad de un sexo sobre otro y afecta a toda la organización de la sociedad, de forma que los actos violentos debemos analizarlos dentro del contexto social y observar cómo inciden en las personas individualmente.[9]
La discriminación consiste en dar un trato de inferioridad en una colectividad a ciertos miembros de ella, por motivos raciales, políticos, religiosos, etc., en algún ámbito de la vida, no reconociendo o mermando sus derechos en relación con otras personas, ya sea de forma explícita o implícita mediante subterfugios y mecanismos indirectos. Uno de los componentes que producen hechos discriminatorios hacia las personas son precisamente los prejuicios, creados y establecidos socialmente.

a.       Metodología / Modelo.

Piedra, papel y tijeras es un proyecto-colectivo que se pretende consolidar como modelo de productividad, diseño y emprendimiento para poblaciones vulnerables que viven y deben sobrevivir en situaciones dentro de las anteriores especificaciones.
La expresión tras un juego; pero este no se trata del mismo de las manos y el descarte hacia el ganador, es el "papel" el material que se aprovecha, se rescata del contexto y se transforma con las "tijeras", siguiente paso para lograr proyectos de sustentación económica, siendo parte de la "piedra" la situación de vulnerabilidad de muchos aquí en Colombia. Esto es, en palabras concretas, la creación de un modelo de productividad y emprendimiento para comunidades vulnerables equidad de género.


[1] Ana Cielo Quiñones Aguilar.  “Diseño Socialmente Responsable, Ideología y participación”.
[2]Índice Anual de Madres”. Save the Children. Fecha de publicación eltiempo.com 8 de mayo de 2010.
[3] “Niños y mujeres, con menos Oportunidades Para La Vida” Por: Duvis Fernández. Publicación eltiempo.com 19 de noviembre del 2000 http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1248529
[4] Concepto tradicional de familia: “Familia". http://es.wikipedia.org/wiki/Familia
[5] “Los indicadores del mes de la mujer” Por Florence Thomas. Eltiempo.com 3 de marzo de 2010 http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-3864830
[6] “Sea varón” Por Gustavo Gallón. El espectador 9 Mar 2010 http://www.elespectador.com/columna192064-sea-varon
[7] “Aprobada ley de beneficios para mujeres cabeza de familia” Noticia publicada en caracol.com Junio 5 de 2008 http://www.caracol.com.co/nota.aspx?id=608971
[8] “El toque femenino en Colombia” Publicado en El Espectador, el 5 Mar 2010. http://www.elespectador.com/publicaciones/especial/articulo191363-el-toque-femenino-colombia
[9] Mujer, discapacidad y violencia. El rostro Oculto de la desigualdad. En: http://www.inmujer.migualdad.es/mujer/publicaciones/docs/Discapacidad_violencia.pdf